El día en que llegó la noticia estaba muy apurada; la esperaban la utopía, los sueños, la idea de un mundo mejor, y ella quería llegar a tiempo, un poco antes si era posible. Es que no quería perderse detalle alguno.
Y en eso estaba, alistando los últimos detalles, a punto de abrir la puerta para salir, cuando algo se le adelantó:
- Quizás este sea el último telegrama enviado- pensó.
Entonces no era cualquier cosa, se trataba de un tesoro muy valioso. Una futura reliquia. Que antigua le sonaba la palabra reliquia.
PARTO EL MARTES (PUNTO)
AQUILES (PUNTO)
Claramente estaba muy sorprendida, el martes... hoy es viernes... sábado, domingo, lunes... ¡MARTES! ... ¡FALTAN SÓLO 4 DÍAS!
En ese momento sólo tuvo tiempo de alegrarse por el éxito de su amigo, y por ella misma también, por qué no decirlo. Ya había desechado la posibilidad de que él se fuera, lo que significaba que en un tiempo más ella tendría que arriesgarse y partir sin ningún precedente. La idea original ahora se cumplía: él partiría a ver si el asunto vale la pena.
A estas alturas lo único claro es que tenía que verlo antes que se fuera, mal que mal, no se iba a la vuelta de la esquina. Ni tan lejos, pero tampoco al lado...bueno, si, al lado, pero no TAN al lado. Más bien a un lado relativo...
...
No pensó mucho más en el asunto hasta que se instaló frente a la computadora. En su bandeja de entrada había un nuevo mensaje de Aquiles. Esto si que tenía un sentido temporal.
Y menos puntos.
¿A quién se le ocurre hacer una despedida un domingo en la noche? Sólo a alguien que envía telegramas en plena era cibernética; que inaugura su casa un día jueves; que se lanza al vacío sin importar las consecuencias.
Si, ese era Aquiles.
Ahí si pudo detenerse en lo que estaba ocurriendo. En muy poco tiempo (otra cosa típica de él) se había convertido en un gran amigo, compañero, apoyo, resorte, reflejo.
No cabía duda, él era parte importante de la gestación del equilibrio que ella estaba alcanzando. Ella aprendió mucho de él, por sobre todo a no detenerse por el miedo, a disfrutar... si, sobre todo eso:
Mientras más se acercaba la despedida era más fuerte la sensación: el vacío, la pérdida, el duelo. No podía creerlo, ya no estaría ahí para tomar un café y compartir sus locas locuras en cualquier momento, de improviso, cuando se les antojara.
La hora de la partida llegó.
Y ella quedó preguntándose por qué le pasaba esto, por qué ya lo extrañaba tanto y de esa manera tan distinta a las otras veces que había extrañado. Todo era aún más ilógico si pensaba en que no era la primera vez que le tocaba alejarse geográficamente de alguien muy importante en su vida, incluso estaba el único amor aquél; si se trataba de una experiencia común en su vida de viajera.
...
(PUNTO)
(Si los personajes de esta historia fueran reales, seguro gustarían de esta canción)
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(El cuadro es de una argentina que se llama Susana Bonet)






